El corredor

El corredor rodeado de espinas
y un cáctus de centro de mesa,
de la mesa que profesa
ser la que auspicia mi desayuno;
en vez de dos ojos, uno,
y en vez de tres vidas ninguna.

Un ladrillo de arco rojo hace el marco de mi enojo
y me pregunto si podré alcanzar lo que propongo.
Taburetes de madera, van y vienen a su manera
y un chiquillo impertinente saluda a la mesera.

¿Que será? Que se escucha la camapana sonar
Que el huesped del 27 se decidió bañar
que el de la camisa azul por el café se fue a quejar,
que unas manos frias no cesan de pensar
y un corazón al viento, a la intemperie y sin dueño
se pretende desahogar.

Palmeras en pubertad crecen en el desierto.
Ventiladores muertos, pulseras con descuentos
de recuerditos obsenos de gaviotsa en el puerto

Cofrecitos de coral rompen en la costa brava
de un comedor sin sal, de una sillita olvidada,
de una lozeta de mar, de una paloma expirada,
de un ataque temporal de una nena malcriada.
Encienden las pocas luces; las calles que se iluminan,
de luciernagas que vuelan solo cuando estan dormidas,
una briza enloquecida le pone ritmo a las horas
en las que el total derroche se apodera de las olas.

Y corren las ojas por el corredor vacío,
y vuelan los microbios y se altera el rocío,
y en la piscina se sumerge lo que queda de la noche
de unos pies que pisan sucio,
de un cuerpo que no conoce.

Una radio da el ambiente,
de un corredor de playa,
en Puerto Peñasco, en plena primavera,
en cuestion de amores el corazon que juega,
se ahoga en el malecón, donde la marea pega.

Donde se suicidan las olas,
donde el agua termina,
donde un pequeño vende golosinas,
donde la vida se debate entre la muerte y la vida,
donde ya para remate la suerte no camina
y el destino escoje lo que el destino decida.

Adornan flores de papel un corredor desierto,
frente a la casa de verano de los blancos y los tuertos,
frente a la reja del cielo de los pobres con dinero,
frente al hotel de la playa donde vivo y donde quiero.

Porque en verdad me hace falta,
porque sin realidad podemos,
porque no queremos nada
porque todo lo queremos
en el corredor con ventanas y frente al cielo.

Daylin H.
Puerto Peñasco, Sonora MX
3/29/2007

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