Desde la profundidad

Milésima de un segundo para enredarme las pestañas
quisiera cortar del mundo cada rincón que me engaña
no lloro por impotencia sino por necesidad
porque para llover los ojos me sobra capacidad.

Admiro y envidio tanto esas alas de coraje
que hacen que vayas y vuelvas prendido de cualquier viaje
las mismas que a mi me cortan con una espada sin filo
y aunque trato de coserlas cada vez hay menos hilo.

Se me ahoga la garganta y se me enfrían las venas
cuando trato de soñar la rutina que envenena
saca una daga filosa y me la clava en el lomo
la vida es una envidiosa que anda con pie de plomo.

No respiro, y se contamina el aire en esta burbuja
puedo ver la superficie, pero el pecho se me estruja,
en esta profundidad solo existe el esperar
a que el oxigeno quiera de nuevo deliberar.

Como una sirena sin cola que a un hipocampo espera
que se monta en una ola y desmaya donde quiera.
No quiero llover sobre el mar, que mi sal no necesita
ni quiero arriesgar a un alma que a duras penas palpita.

Yo no odio, ya ni culpo, hoy simplemente agradezco
porque aunque duela en el alma la verdad tambien merezco
porque me abrieron los ojos a punta de una navaja
ya no gano si me enojo, y ya no apuesto a las barajas.

La guerra nunca se pierde simplemente evoluciona
ya no peleo con las armas que se bien que no funcionan,
y aunque aprieten mis arterias y no pueda respirar
el vuelo al cerrar mis ojos no me lo pueden quitar.

Daylin Horruitiner

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