ESPERAME. YA VUELVO. PARTE II de II

Se regresó a su casa a arreglarse, el glamour ante todo. Y sus uñas rojas tenían que ser retocadas, era una manía incontrolable que tenia de verse con las uñas perfectamente pintadas. Llegó temprano a la cita, esperó al hombre mientras tomaba un café con un intenso nerviosismo. El hombre apareció muy tranquilo y relajado, se sentó frente a Anastasia y la miró sin decir nada.

–          “Bueno diga algo” – dijo ella fumando nerviosa.

El hombre pensó unos segundos antes de hablar y mando a pedir un café al mesero.

–          “Mi nombre no es importante así que me puedes llamar como quieras. Yo prefiero dios, o el jefe, pero tu escoge el que más te gusta.” – dijo mientras se reía sarcásticamente.

Anastasia no le vio mucha gracia a la situación.

–          “¿Qué tengo que hacer? ¿Por qué me ha buscado?

–          “Bueno, que estas dispuesta a hacer” – le respondió inclinándose hacia ella y mirándole al escote.

Ella se hizo hacia atrás y se cerró la chaqueta. El hombre lucia como que se estaba divirtiendo bastante, se veía claramente que hacia esto muy a menudo y el intimidar a la gente se le daba muy bien.

–          “Tranquila, no eres mi tipo. Más bien te tengo una oferta de trabajo. Te quiero ofrecer la plaza que dejó tu marido abierta.”

–          “En que consiste”.

El hombre sacó unas fotos de un sobre y las puso sobre la mesa.

–          “Oh por Dios!” – Anastasia quedó asqueada de ver aquello.

Las fotografías mostraban cuerpos de hombres muertos de diferentes maneras.

–          “Tu marido era un sicario, un asesino a sueldo”.

–          “¿Cómo?”

–          “Me quedó debiendo mucha plata en una ronda que apostó y como no pudo pagarme se dedicó a hacerme este tipo de trabajo. Cada vez que se metía hasta las rodillas en deudas las saldaba resolviendo mis cuentas de esta manera”.

–          “¿Que tengo que ver yo con esto?”

–          “Estas en la calle querida; y en mis manos”.

–          “Si lo sé, pero usted pretende que yo…”

El hombre la interrumpió mientras guardaba las fotos.

–          “Yo solo veo una mujer con una ambición bastante grande, que está en una situación difícil y yo estoy en la posición de ayudar”.

–          “Vaya manera”.

–          “Si no te interesa la ayuda no tengo problema en lo absoluto. Simplemente te doy 2 días para salir del apartamento. Deja todo lo que está adentro, llévate solo tu ropa. Y cualquier plata que tengas en el banco la puedes olvidar”.

–          “No lo puedo creer”.

–          “O, puedes aceptar y vivir en tu apartamento y mantener el nivel de vida que llevas trabajando para mí. No me cabe duda que tienes las agallas para hacer este trabajo. Es más, creo que tienes inclusive más potencial que tu marido.”

–          “Esto no es algo que yo puedo hacer”.

–          “No digas que no sin pensarlo”.

–          “Yo no soy una asesina”.

–          “¿No? Sabias claramente que tu marido no podía trabajar en lo que te decía porque el nivel de vida que llevas está muy por encima de cualquier trabajador de factoría. No digas que no sabías. Tu sabias que hacia algo ilegal, lo que pasa es que te abstenías de hacer preguntas por miedo de saber la verdad y que te atormentara la vida. Preferiste vivir con la duda.

–          “Usted no sabe nada de mi”.

–          “De ti no se mucho en específico. Pero de tu tipo sí, he tenido docenas como tu; lo que ninguna ha tenido ese brillo de ambición en los ojos. La mirada que indica que no tienes nada que perder; y que has pasado tanto en la vida que en realidad te daría igual cualquier cosa. El miedo no es tu mejor aliado Anastasia.”

Anastasia lo miró sin pestañear y luego respiró profundamente.

–          “Lo voy a pensar. Le llamo en 5 días”.

–          “En dos días ya tienes que estar fuera querida”.

–          “Cinco”.

El hombre lo pensó un segundo y luego le dijo:

–          “De acuerdo”.

Anastasia sonrió por primera vez frente a él, cogió su bolsa y se puso de pie. Se fue a su apartamento con la intención de recoger sus cosas pero no podía dejar de pensar en dos cosas. No tenía donde ir, ni dinero ni familia, y solo pensaba en Chuck.

Eran las seis de la tarde. El sol se comenzaba a poner cuando Anastasia decidió ir a ver a Chuck. Tocó a la puerta y abrió el hombre que estaba vestido como si fuera a salir.

–          “Vaya que sorpresa”.

–          “¿Vas a salir? No te quiero interrumpir”.

–          “No, en realidad acabo de llegar”.

–          “¿Puedo pasar?”

–          “Oh si claro, disculpa, es que me pones algo nervioso. Pasa toma asiento”.

Anastasia se sentó sobre el sofá y hecho la cabeza hacia atrás.

–          “No estás bien”- dijo Chuck abriendo una botella de vino que tenía sobre la meseta.

–          “No estoy tan mal”.

–          “¿Ah no? A mí se me hace que el solo hecho de que estés aquí es una señal que algo está grave.”

Ella hizo silencio. Se puso de pie y fue hacia la cocina. Chuck le paso una copa de vino, ella tomó la copa, la olió sin quitar su mirada de la de el, y con la misma puso la copa sobre la meseta. Chuck miró la copa y luego la miró a ella. Anastasia tocó el vino con su dedo anular y se lo pasó por los labios, se acercó a Chuck, le cogió la cara y le beso la boca. Lo que pasó después en realidad no le hace falta mucha explicación. Empezaron en la cocina y terminaron sobre la cama. Esa noche hicieron el amor, porque no era sexo, era amor, era arte. Ninguno se explicaba lo que estaba pasando, se estaban envolviendo en una historia que solo ellos podían vivir, pero muy ajena a la realidad. Anastasia por esa noche se había olvidado del hombre del sobre, de su marido, y de su ruina total. Pero no podía pensar que esta aventura con un extraño iba a durar.

Pasaron dos días de intensa pasión. La inmensa soledad de los dos los unía más aún. Era Jueves, amanecía y ella dormía desnuda sobre la cama de Chuck. El la observaba sentado en el sillón de la esquina mientras se fumaba un cigarrillo. Mil cosas le pasaban por la mente. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué haría con ella? Le daba terror estarse enamorando. Le daba pánico haber encontrado el amor precisamente en ella, la mujer menos indicada para hacer una vida en una casa de cercado blanco con un perro y dos hijos. Pero en si los sueños en su vida nunca involucraron una situación ideal y mucho menos convencional.

–          “Maldita sea” – se dijo para sí mientras se rascaba la cabeza.

Ese día desayunaron juntos. En un café, en público por primera vez. Eran felices, mientras estuvieran juntos eran eternos y no pasaba nada.

–          “Vámonos juntos”- Le dijo ella mientras él comía – “Si me quedo aquí se me va arruinar la vida”.

–          “¿No es un poco loca la idea? No sabes nada de mí, además…”

–          “Además que…no hay además. De ti se lo suficiente para ser feliz el tiempo que dure esto.”

–          “Tu marido”.

–          “Ah”.

–          “¿No te preocupa?”

–          “Me preocupas tú. Perderte”.

Chuck dejo de comer y tomo sus manos en la de él. Le beso las manos una y otra vez y le dijo:

–          “No tienes idea lo imposible que es esto”.

Esa noche Anastasia le pidió que la dejara sola. Ella se fue a su apartamento y llamó al hombre del sobre. Le dijo que aceptaba hacerlo una sola vez, que ella necesitaba dinero para irse lejos y que le haría un solo trabajo y luego se iría y le dejaría todo lo que tenía. Había hablado con Chuck de irse en un tren hacia Georgia o quizás Texas, algo lo más lejos posible. Un lugar donde pudieran empezar solos, de cero, sin nadie, sin nada, sin pasado, y sin saber siquiera si tendrían futuro; pero decididos a vivir cada presente que tuvieran disponibles juntos. El hombre del sobre le indicó que en unas horas le dejarían por debajo de la puerta un sobre chico, rojo, adentro encontraría una tarjeta blanca y en esta tarjeta estaría escrita una dirección y un nombre, y la hora. Lo único que tendría que hacer era matarlo. Le explico que el tipo seria citado ahí a saldar una deuda monetaria y tendría un maletín con $15,000.00, ese sería el pago de ella. Debería tomar el maletín, y desaparecer.

Anastasia esperó con la mejor paciencia posible y acompañada de un inhalador de Bencedrina. A las dos horas, por debajo de la puerta dicho y hecho, se asomó un sobre rojo. Nerviosa lo abrió y vio que en la tarjeta estaba escrito: “Lazlo, 5526 Lafayette Boulevard, 2 A. M.”

Inmediatamente le tocaron a la puerta, al abrir vio que le habían dejado una pequeña caja. Rápidamente corto la cinta adhesiva para ver lo que había adentro. Había un traje de hombre, unos guantes, un sombrero y una pistola. Anastasia no lo pensó mucho, tendría que hacer esto para poder irse de ahí. Llamó a Chuck, pero no contestó al teléfono. Fue a su apartamento, pero tampoco hubo respuesta. Entonces le dejó una nota por debajo de la puerta que decía: “Espérame. Vuelvo pronto”.

Con o sin él, ella tenía que salir de Nueva York, ya no había marcha atrás.

Anastasia se vistió de hombre esa noche, se puso los guantes para cubrir sus uñas rojas, tomó la pistola y salió rumbo al edificio. Era un lugar desolado y viejo. Entró con cuidado y su pistola lista para disparar en cualquier momento auque temblaba de los nervios y la inexperiencia. En la distancia vio la sombra de un hombre con sombrero, no se distinguía quien era.

–          “¿Lazlo?” – dijo ella un poco nerviosa.

–          “Aja” – el hombre levantó las manos.

Ella le indico que pusiera el maletín en un lugar donde pegaba la luz. Reconociendo la voz de ella el hombre dijo:

–          “¿Ana?” – Mientras intentó acercarse.

Anastasia se encontró muy nerviosa, no sabía qué hacer y disparó al hombre en las sobras. El calló al suelo boca abajo, su cuerpo cubierto en sangre. Ella se acercó a coger el maletín, lo abrió y vio que si había dinero, pero al hacerlo se percató de algo que se le salió al hombre del bolsillo. Era un sobre chico, rojo. Asombrada tomó el sobre y lo abrió. No podía creer sus ojos. La tarjeta blanca decía: “Anastasia, 334 Vivaldi Road Apt. 405” la fecha, el mismo día que se había desmayado frente al edificio. Desesperada y confundida dio vuelta al cuerpo del hombre herido en el suelo, era Chuck.

Su pena fue demasiada. Chuck no la mató porque se había enamorado de ella, pero nunca se imaginó que sería ella quien iba a ser utilizada para acabar con él. Anastasia tomó el dinero y rompió los billetes. Lloraba desesperada y loca mientras lo abrazaba y se llenaba de sangre.

–          “Mi amor” – decía.

Después de unos momentos se acostó junto a él, tomó sus brazos y los puso alrededor de ella, lo besó y lo besó. Se llevó la pistola a la cabeza, y disparó.

– FIN –

Daylin Horruitiner

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